viernes, 2 de diciembre de 2011


Barreras comunicacionales: 
Un gran obstáculo para los discapacitados


Como muchos sabrán, las personas dis-capacitadas viven constantemente situaciones en las que se interponen barreras de tipo comunicacionales; a veces ocurren por falta de entendimiento en una comunicación interpersonal, y otras el problema se da en relación a algún tipo de comunicación remota, como por ejemplo, un aparato que trasmita cierta información que la persona discapacitada no pueda descifrar o directamente no identifique. También la ciudad, al ser un lugar inaccesible para algunas personas, se llena de barreras que impiden la interacción.

Un semáforo o un cajero automático sin sonido son ejemplos de comunicación remota que no contemplan a las personas que tienen deficiencias visuales. También hay barreras arquitectónicas que limitan la libertad de movimiento, o medios de transporte que no están diseñados para transportar pasajeros con movilidad reducida. A esto le sigue el problema en la comunicación interpersonal; seguramente a más de uno le habrá pasado que al encontrarse con un ciego, un sordo o una persona con dificultades motrices, no ha sabido cómo dialogar. Quizá esto último se deba a las barreras que mencionamos anteriormente que impiden que se dé una plena integración social.

Un largo intento de integración
Es cierto que la modernidad, los avances tecnológicos y el desarrollo del capitalismo mejoraron la sociedad en muchísimos aspectos. A diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad y el Medioevo, momentos en los cuales los considerados “discapacitados” eran indistintamente despreciados, compadecidos, aniquilados o temidos, según las ideologías que se imperaban en cada época; la modernidad abrió camino a que se realicen múltiples intentos de integración.

Hace más de 200 años apareció la primera escuela para niños sordos y mudos, se creó un instituto para niños ciegos, y surgió la primera escuela pública de deficientes mentales. También hace más de medio siglo comenzaron los proyectos integradores de niños con deficiencia mental, ciegos e irregulares motores a escuelas comunes, con el propósito de que se insertaran en el mercado laboral. Todo esto considerando el principio de igualdad y equidad.

En una sociedad igualitaria como la nuestra, todos, seamos o no discapacitados, tenemos derecho a transitar libremente en la ciudad y los espacios públicos, aunque no todos podamos. También, considerando que vivimos en la sociedad de la información y las nuevas tecnológicas, todos tenemos derecho a usar Internet y videojuegos, y comunicarnos con celulares o mirar televisión. Hoy en día es inconcebible que algunos no puedan tener acceso a computadoras o medios de comunicación, y quizá eso ocurra debido a que adaptar estos dispositivos a todas las personas puede no ser rentable y tomar más tiempo en realizarlo.

¿Qué falta para lograr la integración?
Hay que reconocer que actualmente se está considerando este problema más que en ningún otro momento de la historia. Hay indicios de que lentamente las barreras se rompen. Lo percibimos cuando distinguimos un semáforo sonoro, cuando leemos un subtítulo en una telenovela, cuando nos enteramos de que hay computadoras equipadas con programas que traducen el texto en sonido y que existen controles que minimizan el uso del teclado o mouse para las personas con discapacidades motrices. Lo percibimos también cuando vemos rampas y ascensores en lugares públicos, cuando diseñan autos para trasportar dignamente a personas con capacidades motoras restringidas, o colectivos en los que se puede transportar una silla de ruedas y cuando aparecen diseños de moda de prendas de vestir para discapacitados motores.

Solo falta dar un último paso. Sabemos que existen elementos para facilitar la comunicación y la vida cotidiana de las personas con discapacidades y que hay más tecnología disponible para discapacitados de la que en general conocemos. A veces nos asombramos de que haya computadoras que no necesitan del tacto manual para su uso y que los ciegos sean capaces de ver a través de Internet. Entonces, ¿Qué está haciendo falta? Quizá sea un gran cambio cultural lo que necesitamos, un cambio en el cual el amor, el respeto y la tolerancia sean los pilares en la sociedad, y ya no la rentabilidad, el pragmatismo y la eficacia. De esta manera, quizá, lograremos por fin que todas las personas tengan acceso a la información, la comunicación, la educación y el trabajo.